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Entrevista a un autor

David Blázquez
'Los colores del Greco llegan a golpearte en la cara'
Entrevista a David Blázquez, fotógrafo de 'El fuego griego'

El fotógrafo David Blázquez mantuvo su primer encuentro profesional con el Greco en 2007, mientras preparaba las imágenes previas al montaje de la exposición y el catálogo de El Greco. Toledo, 1900, publicado por la firma DB Comunicación. 'Acostumbrado como estaba a las ilustraciones de los viejos libros que había consultado sobre el Greco -fotografías malas, oscuras, sin ningún volumen-, fue una gran sorpresa para mí encontrarme con pinturas que en realidad estaban llenas de luz y de matices. El historiador Fernando Marías ha hablado recientemente del Greco en blanco y negro que tuvimos en la retina hasta los años setenta y cuya percepción por parte de la sociedad cambió totalmente después. A mí me pasó entonces algo parecido'.


La conversación con este fotógrafo especializado en obras artísticas y espacios arquitectónicos, que desde entonces ha realizado centenares de tomas sobre cuadros del pintor, se produce en el interior del Museo de Santa Cruz de Toledo, justo delante de la Inmaculada Oballe, una pintura reproducida en infinidad de ocasiones en volúmenes artísticos de todo el mundo. Blázquez (Salamanca, 1971) destacaría en primer lugar de la pintura del Greco vista a través de los ojos de un fotógrafo el impresionante empleo del color. 'Con una iluminación adecuada, las pinturas del Greco pueden llegar a golpearte casi físicamente en la cara. No hay más que ponerse delante del Expolio de la Catedral, ahora que acaba de ser restaurado, o frente al Apostolado del Museo del Greco, que para nosotros es una auténtica pantonera [la tabla de colores Pantone, empleada por artistas gráficos y diseñadores]'. Otra de las características de la pintura del Greco que más llama su atención es la personal ejecución de la pincelada. 'He fotografiado obras de otros artistas, como Murillo y Zurbarán -Blázquez fue el responsable de las imágenes que acompañaron la traducción de La Escuela Sevillana de Pintura, de August L. Mayer, que realizó Daniel Romero en 2010, con análisis crítico de Enrique Valdivielso-, y sus pinceladas resultan más o menos diluidas. El Greco, sin embargo, arrastra masas enteras de materia que pueden apreciarse perfectamente en las macros. Nadie diría que las gotas de pintura chorrean literalmente a la altura del cuello de Cristo en El Expolio, pero así se puede percibir si te sitúas a una distancia suficiente'.


Blázquez no solamente ha documentado detalladamente la restauración de esta última pintura, sino que ha fotografiado también El entierro del conde de Orgaz y sido testigo de la configuración del Museo del Greco y de la instalación de toda su colección, desde el Apostolado hasta la Vista y plano de Toledo. También le conocen en el Museo del Prado, pese a que allí cuentan con su propio equipo de fotografía. Ha trabajado con historiadores del arte como Fernando Marías, José Redondo y Ana Carmen Lavín, quien en varias ocasiones ha destacado su talento para fijar el color y el contraste de los originales en su justa medida. 'Depende de cada obra, reconoce. Espacios como la Sacristía de la Catedral de Toledo permiten preparar la iluminación a placer, pero a veces es necesario trabajar en pequeñas capillas, a gran altura y sin apenas espacio para los focos. Si tenemos en cuenta que la superficie de las pinturas antiguas suele haber sido barnizada, o presenta una pátina, en esas ocasiones es tan difícil conseguir buenos resultados como disparar la cámara frente a un espejo'.


Trabaja con una Hasselblad con todas sus lentes y soporte -también con una Phase One-, y con los mejores focos, capaces de garantizar una iluminación que reproduzca fiel y uniformemente los colores. Obviamente, conoce el software fotográfico, aunque eso no quiere decir que lo emplee sistemáticamente. 'La toma tiene que ser buena. Sin modificaciones. Lo contrario, sería falsear el cuadro', asegura, acostumbrado a que le pregunten si los colores de sus fotografías han sido acentuados a través de Photoshop o cualquier otro programa de retoque digital. 'Ante las pinturas del Greco, no hace ninguna falta -salvo que se pretenda enderezar el encuadre o suprimir elementos como las aberraciones cromáticas, los halos rojos y azules que pueden aparecer en los bordes de las imágenes-; basta con buena iluminación y un poquito de cariño'.


Fue necesaria una dosis especial, reconoce, a la hora de enfrentarse al Entierro del conde de Orgaz, 'una pintura de unas dimensiones tremendas, situada por encima de lo que parece. El cuadro acaba muy alto y es prácticamente imposible iluminarlo (salvo de forma central, que suele ser lo último que debes hacer...). Fue necesario montar una plataforma elevada para recoger la zona interior, instalar escaleras para los detalles... Me dio bastante trabajo, en definitiva'.


Durante los últimos meses, las fotografías de David Blázquez han aparecido en publicaciones como El fuego griego y Angélico Greco, ambas editadas por Cuarto Centenario. Son suyas alrededor de cuarenta de las imágenes del catálogo de la exposición El Griego de Toledo, recientemente instalada en el Museo de Santa Cruz. También ha aportado las imágenes de la ruta de órganos históricos de Castilla-La Mancha e ilustrado con más de 1.400 fotografías los tres tomos de la Guía de patrimonio dedicada a las cinco provincias de esta región y que coordinó Santiago Palomero, director del Museo Sefardí.

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